Elenco saludando en el escenario al final de una función de teatro
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Cuando la terapia se parece al teatro (y no es casualidad)

Por Beli Cabrera (Psicóloga General Sanitaria, col. M-42407) · Actualizado: septiembre 2026

Hay herramientas terapéuticas que no parecen herramientas. No tienen protocolo oficial ni un nombre con siglas detrás. Y sin embargo, cuando aparecen en el momento adecuado, mueven cosas que la conversación sola a veces no alcanza. El teatro es una de ellas.

Usar el teatro en terapia significa llevar a la sesión técnicas de expresión dramática (representar una escena, encarnar un rol, dar forma corporal a una emoción) para acceder a aquello que las palabras solas no alcanzan. No es actuar para un público ni hace falta saber actuar: es una herramienta clínica.

No es algo que ocupe el centro de mi práctica, pero de vez en cuando alguna de estas técnicas aparece en sesión de manera natural. Y sobre todo en el trabajo grupal, donde el cuerpo y la escena tienen más espacio, es donde he visto lo que pueden dar de sí.

En este artículo

¿Qué tiene que ver el teatro con la terapia?

El teatro y la psicoterapia comparten la misma materia prima: las emociones, los personajes que construimos para sobrevivir, los conflictos que no hemos resuelto y la posibilidad de ensayar otras maneras de estar en el mundo. Por eso técnicas teatrales como el rol playing o la escultura se usan en terapia para mover lo que la conversación sola no alcanza.

Augusto Boal, el dramaturgo brasileño que creó el Teatro del Oprimido, escribió que "el teatro nace cuando el ser humano descubre que puede observarse a sí mismo" (El arco iris del deseo. Método Boal de teatro y terapia, 1990). Cuando lo leí por primera vez pensé: eso es exactamente lo que pasa en terapia.

Bowlby describía la psicoterapia como un espacio donde la persona puede "pensar lo que supuestamente no debe pensar y sentir lo que supuestamente no debe sentir" (Una base segura, 1988). En el teatro pasa algo muy parecido: el escenario da permiso para lo que en la vida cotidiana está enterrado o prohibido.

La Gestalt y el teatro: una afinidad natural

Si hay una corriente terapéutica que lleva el teatro en el ADN, es la Gestalt. Comparten tres pilares: el aquí y ahora, el darse cuenta y el trabajo con el cuerpo. Es un cruce que me ocupa desde hace años, tanto que coescribí un libro sobre ello: Teatro y Gestalt. Una conjunción feliz (Hakabooks, 2024).

Fritz Perls, fundador de la Gestalt, amó el teatro desde joven y lo usó en su práctica de maneras que entonces resultaban bastante radicales. Laura Perls, su compañera en el desarrollo del enfoque, decía que "los buenos terapeutas son simultáneamente buenos artistas" (recogido en Creative License. The Art of Gestalt Therapy, ed. Jean-Marie Robine). No lo decía como metáfora.

Los principios básicos de la Gestalt y los del trabajo teatral se solapan de una forma que no es casualidad. El aquí y ahora (ese énfasis en lo que está ocurriendo en este momento, no en lo que pasó o podría pasar) es central tanto en el trabajo terapéutico como en la actuación. El darse cuenta (esa capacidad de observarse mientras se vive) es lo que un actor entrena y lo que en terapia intentamos despertar.

Y luego está lo del cuerpo. En Gestalt no se trabaja solo con palabras. El cuerpo habla, sostiene memorias, adopta posturas que dicen más que cualquier relato. El teatro, también.

Qué herramientas existen y dónde tienen más sentido

Las técnicas teatrales más habituales en terapia son el rol playing, la improvisación, la escultura y el monólogo interior. Son sencillas, no requieren ninguna formación actoral y, usadas con criterio, pueden abrir puertas que la conversación sola a veces no alcanza. No hablo de montar un escenario con focos y público.

Muchas de ellas beben del psicodrama, el método que el psiquiatra Jacob Levy Moreno desarrolló a principios del siglo XX precisamente para llevar la escena a la terapia. Existe además una disciplina propia, la dramaterapia (drama therapy), reconocida dentro de las terapias de las artes creativas, que emplea el teatro de forma estructurada como vía de tratamiento. Lo que describo aquí no es psicodrama "puro" ni dramaterapia formal, sino el uso puntual de estas técnicas dentro de un trabajo de raíz gestáltica.

En terapia individual pueden aparecer puntualmente, cuando el momento lo pide. Pero donde realmente cobran vida es en el trabajo grupal. El grupo aporta algo que la consulta individual no puede: otros cuerpos, otras miradas, la posibilidad de encarnar situaciones con personas reales que responden.

El rol playing

El rol playing consiste en representar una situación con dos roles: el tuyo y el de alguien con quien tienes un conflicto. O al revés: tú encarnas al otro, y el terapeuta u otro participante del grupo encarna cómo te comportas tú. Ver tu propio comportamiento desde fuera, o ponerte en la piel de alguien con quien llevas meses sin poder hablar sin que acabe mal, mueve cosas que el relato solo no mueve.

La improvisación

La improvisación es desarrollar una escena sin guion ni preparación, a partir de algo que surgió en la sesión. Lo que aparece cuando no hay tiempo de construir el relato habitual suele ser muy revelador. La espontaneidad tiene una honestidad que el discurso preparado no siempre tiene.

La escultura

La escultura consiste en usar el cuerpo para representar un estado interno, una relación o una emoción, sin palabras al principio: solo postura, gesto, respiración. La memoria corporal accede a cosas que la mente verbal tiene bien guardadas.

El monólogo interior

El monólogo interior es verbalizar en voz alta, sin estructura, lo que está pasando por dentro. Cuando lo que una persona dice y lo que su cuerpo transmite no cuadran, hay algo debajo que no está llegando a la superficie; ponerlo en palabras puede abrir lo que la sesión lleva tiempo intentando abrir.

Por qué funciona cuando funciona

Estas técnicas tienen algo en común: sacan a la persona del relato habitual.

La mayoría llegamos a terapia con una historia muy bien construida sobre lo que nos pasa. Una narrativa coherente, con sus causas y su lógica interna. Esa historia no miente, pero tampoco lo dice todo.

Cuando el cuerpo entra en juego, cuando hay que encarnar en lugar de explicar, el relato habitual se interrumpe. Y en esa interrupción aparece información que llevaba tiempo esperando.

Perls decía que lo que buscamos en terapia es ayudar a la persona a salir del personaje que construyó para sobrevivir en algún momento de su vida, y encontrar a la persona auténtica que quedó detrás. El teatro sabe algo sobre ese proceso. No por casualidad llevan siglos hablando de las mismas cosas.

Preguntas frecuentes

¿Hay que saber actuar para hacer este tipo de terapia?

No. No se busca una buena interpretación, sino que aparezca algo verdadero. Las técnicas son sencillas y no requieren ninguna experiencia teatral: lo único que se necesita es disposición a probar.

¿Es lo mismo que el psicodrama o la dramaterapia?

Están emparentados, pero no son lo mismo. El psicodrama, creado por Jacob Levy Moreno, sistematizó muchas de estas técnicas; la dramaterapia es una disciplina propia que usa el teatro de forma estructurada como tratamiento. Aquí las uso de forma integrada dentro de un trabajo de raíz gestáltica, sin montar una sesión de psicodrama ni de dramaterapia "puras".

¿Esto se hace en terapia individual o en grupo?

En las dos, pero brilla en grupo. En consulta individual aparecen de forma puntual; en el trabajo grupal despliegan todo su potencial, porque hay otros cuerpos y otras miradas con los que encarnar las escenas.


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Referencias

Sobre la autora

Beli Cabrera es Psicóloga General Sanitaria (colegiada M-42407) y coautora del libro Teatro y Gestalt. Una conjunción feliz (Hakabooks, 2024). Acompaña procesos de ansiedad, burnout y miedos desde un enfoque integrador (Gestalt, EMDR), en consulta individual y en el trabajo grupal de MareaAlta. Atiende online y presencialmente en Madrid.

Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración psicológica individualizada.